“No estamos protestando. Estamos recordando.” Entrevista con Navid.

Foto de Tony Zohari

Una voz iraní desde Finlandia sobre la pérdida, la resistencia y el significado de la libertad
Navid tiene 37 años. Se mudó a Finlandia en 2015, hace diez años, para realizar su máster. Posteriormente obtuvo un doctorado en ciencias ambientales y continuó trabajando tanto en empresas como en la universidad. Actualmente sigue trabajando en el ámbito de las ciencias ambientales en Finlandia. Pero su historia, como él mismo explica, no trata principalmente de estudios o de carrera profesional. Trata de por qué tuvo que abandonar Irán, de por qué sigue considerándose un patriota y de por qué hoy se manifiesta en un acto conmemorativo y no en una protesta.

Explica que la razón para salir de Irán fue simple y devastadora: la vida bajo el régimen gobernante no ofrecía derechos humanos, ni futuro, ni una perspectiva real. Desde el punto de vista económico, social y político, afirma que la gente estaba atrapada. A pesar de amar profundamente a su país y considerarse una persona patriótica, sintió que no tenía otra opción que irse. Vivir en Finlandia no fue fácil al principio —habla del frío, la oscuridad y las diferencias culturales— pero durante todos estos años ha mantenido un solo sueño: algún día regresar a Irán para servir a su país, una vez que se haya fortalecido y mejorado en su trabajo.

Navid remonta este sentimiento a 2009, cuando tenía alrededor de 21 años, durante lo que se conoce como el Movimiento Verde en Irán. En ese momento, muchas personas creían que la reforma era posible a través de las elecciones. Esa esperanza fue aplastada violentamente. Hubo personas asesinadas y se hizo evidente para él que este régimen no se reformaría. Esa constatación sembró la idea de salir del país.

Cuando Navid llegó a Finlandia en 2015, aún existía cierta esperanza. Un acuerdo nuclear entre Irán y las potencias internacionales mejoró brevemente las condiciones. Pero esa esperanza no duró. Los sectores más duros dentro de Irán, junto con la oposición desde el exterior, llevaron al colapso del acuerdo. La economía se deterioró rápidamente. Siguieron protestas —en 2017, en 2019— y en 2019, recuerda, el régimen cortó internet y mató a más de 1.500 personas en solo una semana. En ese momento, dice, los iraníes dentro y fuera del país aún no estaban unidos y muchos no creían que el régimen fuera capaz de una brutalidad semejante.

Luego llegó 2020 y la pandemia de COVID-19. Navid describe a Irán como quizás el único régimen que se benefició del coronavirus, utilizando los confinamientos como herramienta para reprimir protestas y controlar a la población. Las condiciones empeoraron aún más, lo que llevó a otro levantamiento en 2021, ampliamente conocido como el movimiento de Mahsa Amini, centrado en el lema “Mujer, Vida, Libertad”. Una vez más, jóvenes fueron asesinados y el movimiento fue reprimido. Pero algo cambió. La gente sintió su poder colectivo. Sintió que tenía voz. Las mujeres comenzaron a resistir las normas obligatorias del hiyab en espacios públicos, incluso cuando los arrestos continuaban.

A finales de diciembre de 2025, comenzó otro levantamiento, iniciándose en el bazar de Teherán. Lo que empezó como protestas por el colapso económico —la devaluación de la moneda y el empeoramiento de las condiciones de vida— se convirtió rápidamente en demandas abiertas de cambio de régimen. En pocos días, las fuerzas de seguridad respondieron con fuerza letal. Decenas de personas fueron asesinadas en una semana. Pero esta vez, dice Navid, algo era diferente.

Por primera vez, había un líder fuera de Irán en quien la gente confiaba y apoyaba abiertamente: Reza Pählävi, hijo del último Shah de Irán. Según Navid, Pählävi había estado voluntariamente del lado del pueblo durante 47 años, sin reclamar poder. Esta vez, la gente coreó su nombre desde el primer día. Cuando llamó a la población a salir de sus casas los días 8 y 9 de enero del 2026, lo hicieron.

El régimen respondió cortando completamente internet. Navid se refiere a datos que muestran que Irán estuvo desconectado durante más de diez días. Lo que siguió, dice, fue una masacre. Decenas de miles de personas fueron asesinadas. Los hospitales dejaron de ser lugares seguros; personas heridas fueron arrestadas o asesinadas dentro de los centros médicos. Decenas de miles fueron detenidas, muchas de la generación más joven, algunas ahora enfrentando la ejecución. Navid enfatiza que no se trata de rumores, sino de hechos documentados con pruebas y grabaciones.

Por eso, explica, lo que ocurre en Finlandia no es una protesta, sino un acto conmemorativo. Dos semanas antes hubo una protesta. Ahora, la gente se reúne para encender velas en memoria de quienes se enfrentaron desarmados a las armas. El objetivo es mostrar, en una Capital Europea de la Cultura, la brutalidad que ocurrió en Irán.

Navid rechaza firmemente la idea de que las personas sean impotentes debido a fuerzas globales secretas. Llama a estas creencias teorías conspirativas dañinas que desincentivan la acción. Insiste en que las personas tienen voz y responsabilidad. Como iraní, siente la obligación de hablar —no solo por Irán, sino por la humanidad. Un Irán libre y pacífico, argumenta, beneficiaría a todo el mundo. Irán posee enormes recursos de petróleo y gas, pero su riqueza se desvía hacia la represión, los grupos terroristas aliados y las redes criminales, en lugar de beneficiar a su población.

Pide al público internacional que imagine un Medio Oriente pacífico, una región abierta al turismo, la cultura, la medicina y el contacto humano, libre del control ideológico. Los iraníes, dice, son personas alegres y cálidas —muy parecidas a las comunidades españolas, brasileñas o latinoamericanas— que aman la música, el baile y la celebración. El régimen prohíbe todo esto. Un Irán libre sería un regalo no solo para los iraníes, sino para el mundo.

Sobre el acto conmemorativo, Navid explica que los organizadores evitarán deliberadamente las manifestaciones ruidosas. En su lugar, están prepararon grandes carteles con información verificada y material visual procedente de Irán, junto con fotografías de las víctimas —unas 400 recopiladas hasta ahora—. Se encenderán velas. Personas que hablan finés explicarán la exposición a quienes se acerquen. No pide que los asistentes vistan de negro ni que guarden luto formal. Para él, el duelo llegará cuando Irán sea libre.

Lo que pide, en cambio, es simple: ver, escuchar y saber. La censura mediática, afirma, ha silenciado la historia de Irán, en parte debido a narrativas geopolíticas relacionadas con Palestina e Israel. Subraya que la situación de Irán es una catástrofe de derechos humanos, no una cuestión política secundaria. Comparte historias personales —un primo de 18 años condenado a muerte, un familiar de 15 años asesinado— para mostrar que esto no es algo distante ni abstracto.

Navid describe el estado mental colectivo de los iraníes en todo el mundo como uno de shock, rabia, dolor y colapso psicológico. Muchos continúan viviendo solo para ver justicia y recuperar su país. Califica la matanza masiva en dos días como una de las mayores atrocidades desde la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de todo, cree en la unidad. Cree que la gente debe despertar, unirse y defender valores humanos básicos: dignidad, libertad, respeto y vida. Lo que ocurre en Irán, advierte, puede ocurrir en cualquier lugar. Por eso el silencio no es neutral: es peligroso.

Para Navid, hablar no es una opción. Es una forma de supervivencia.

Ceremonia Conmemorativa para quienes lucharon por la libertad de IRÁN

Al encender velas, mantenemos viva su memoria.

📍 Rotuaari, Oulu
🗓 7 de febrero de 2026
⏰ Sábado, 17:00

Entrevista y texto por: Adriana Vitorino y Jessica Segura