
Hiljaisuus /ˈhil.jɑi.sus/ sustantivo femenino.
- Pausa que revela lo esencial.
- Silencio.
Comencé a apreciar la profunda sensación del silencio —su belleza, su presencia— viviendo en Finlandia.
El silencio tiene tantos matices como seas capaz y estés dispuesta a darle. Está ahí para que lo escuches, para que te recrees en él; para que despierte algo en ti, te cuestione, te guíe, incluso te abrace.
En muchas culturas, la idea de estar en silencio con alguien se percibe como algo que debe evitarse. Crecemos con la necesidad de llenar el vacío: con palabras, gestos, disculpas, explicaciones. Aparecen la vergüenza, la inseguridad, el miedo; la urgencia de decir algo para demostrar que todo está bien, que seguimos presentes.
Durante mucho tiempo compartía esa sensación: el silencio me resultaba incómodo, incluso hostil. Lo percibía como algo negativo, molesto, intrusivo, hasta que Finlandia me enseñó a escucharlo de otra forma.
Poco después de instalarme en Helsinki empecé a notar algo en los silencios que me rodeaban. Había llegado en un momento de muchos cambios personales, y aprender a habitar mi propia quietud llevaba su propio compás.
La ciudad, con su ritmo pausado, su frío y sus largas distancias, parecía amplificar ese sonido invisible.
Poco a poco comprendí algo: cuando todo a tu alrededor es distinto, lo nuevo se revela despacio, sin pedir permiso.
Así es el silencio en Finlandia. No hace ruido, pero está en todas partes: en el tranvía, en los bosques, en el aeropuerto, en las calles cubiertas de nieve, en los cafés, en los parques. Forma parte del paisaje, y aprender a convivir con él es también aprender a escucharse.
A día de hoy, le doy un nuevo significado; me permite abrir un espacio para meditar mis palabras, escuchar con atención y comunicarme desde un lugar más sereno y respetuoso.
En silencio comprendí que éste no es ausencia, sino presencia. Es un espacio donde las palabras encuentran sentido, donde los pensamientos pueden respirar. Un hilo invisible que conecta todo lo que somos con todo lo que nos rodea y, de alguna manera, nos recuerda que estar presentes es un arte que merece contemplación.