Entrevista: Teija Potenze, puente entre el mundo latino y Finlandia

Teija Potenze es máster en filología española e intérprete-traductora. Es finlandesa pero su historia de vida y profesional están marcadas por un fuerte vínculo con el mundo latino.

Foto: Sami Sorasalmi

Como argentina viviendo en Finlandia, hacía meses venía pensando en la construcción de las identidades migrantes y de las familias multiculturales, en lo poderoso del lenguaje y en los desafíos que enfrentamos a la hora de comunicarnos y expresarnos en un país con raíces tan diferentes a las nuestras. Entonces conocí a Teija en la edición número 19 de Cinemaissí, el Festival de Cine Latinoamericano que se celebra cada año en Helsinki desde hace 20 años. Escuché su inconfundible acento argentino y me acerqué a ella con la emoción de quien se reencuentra con la familia después de mucho tiempo. Le pregunté si era argentina y sonrió. No me dijo que no de inmediato, y supe que algo profundo la conectaba con el país del mate y el tango.

Teija Potenze es finlandesa, máster en filología española e intérprete-traductora. Dirige su pequeña empresa Espanjan Kielipalvelu desde hace más de 30 años. A lo largo de su carrera, ha trabajado con destacadas personalidades de Finlandia, Portugal y del mundo hispanohablante, incluyendo a José Saramago y, más recientemente, a la escritora argentina Camilla Sosa Villada durante su visita a Helsinki.

Jaime, su marido argentino fallecido en 2017, fue cofundador de Cinemaissí y un impulsor de innumerables proyectos culturales en Finlandia. Compartieron la vida durante más de 30 años, adoptaron dos hijos en Colombia y construyeron una familia multicultural con raíces latinas y finlandesas.

Primeros pasos hacia el mundo latino

“Hace mucho tiempo viví dos años en Milán trabajando de au pair en una familia italiana intelectual. Salía con ellos los fines de semana, me llevaban al cine y a conciertos mientras la nona cuidaba a la niña. Confieso que del cine no entendía mucho, y algunas películas me parecían horribles porque estaban dobladas, pero esos años fueron como una preparación para la cultura latina. Además, estudié latín durante tres años en el colegio. Y aunque nunca he planeado mi vida de manera concreta, ya había algo dentro de mí que se interesaba por lo latino.”

Hace una pausa, y sus ojos sonríen con un poco de nostalgia. “Después conocí a mi marido y siempre le estaré agradecida por haberme hecho parte de su mundo latino. Gracias a él y a mis estudios de español, se me abrió un universo completamente ajeno a mi mundo finlandés: un mundo inmenso de literatura, música y teatro.»

La importancia de recordar de dónde venimos

Es una mañana soleada en Helsinki, y el tiempo pasa entre anécdotas que cruzan el océano en un segundo. Hablamos sobre la importancia de sumar y construir desde la diversidad sin olvidar la historia propia.

“Uno tiene que darle valor a sus raíces, sin ser ultranacionalista, pero es fundamental saber de dónde venimos y dónde estamos parados. Después de la muerte de mi marido, me encantó darme cuenta de que mis círculos latinos no desaparecieron. Todas las personas que llegaron a mi vida por él, se convirtieron también en mis amigos, y viceversa. Aunque hacíamos muchas cosas por separado, compartíamos experiencias y amistades, y eso enriquecía mucho nuestra vida juntos. Aprender a darse espacio y a compartir fue muy valioso para mí.”

Foto: Sami Sorasalmi

Familia ampliada y calidez humana

Para quienes venimos de Sudamérica y decidimos vivir en Finlandia, una de las primeras preguntas que nos hacen familiares y amigos es cómo logramos adaptarnos a un país tan distinto, ubicado literalmente al otro lado del mundo, donde su geografía e historia marcan pautas culturales y formas de relacionarse muy diferentes a las conocidas. Sin embargo la historia de Tejia nos muestra que la integración no solo es posible sino necesaria y reveladora.

“En cuanto a los elementos de la cultura latina que considero valiosos y que complementan la cultura finlandesa, diría que es la manera de tomar en cuenta a la gente: compartir, comunicarse y ese calor humano que transmiten. No digo que los finlandeses no lo tengamos, pero tardamos más en mostrarlo; somos más reservados, nos guardamos nuestro espacio y somos de pocas palabras. A veces eso también está muy bien. Pero también tenemos dificultad para expresar nuestros sentimientos, por ejemplo, en el duelo. Aprender a integrar esa calidez y apertura de los latinos ha sido muy enriquecedor en mi vida.”

Hacemos una pausa para servir más café mientras reflexionamos sobre el significado de los abrazos, el contacto físico y las muestras de afecto en cada cultura. “Lo que realmente me fascina de la cultura latina es el concepto de familia: no se limita al núcleo, sino que abarca mucho más. La familia latina es mucho más amplia, son también los amigos, y eso me parece fascinante. Los latinos que se han quedado acá por su propia voluntad, se han adaptado muy bien, han hecho su propio lugar y aportan profesionalismo y calidez. Guardan su identidad, pero saben adaptarse a las circunstancias.”

Al terminar nuestra charla, nos despedimos con un abrazo cálido. Me voy contenta y esperanzada, confiando en que la clave está en abrirnos, construir comunidad y aprovechar los aportes que nos ayuden a mejorar ambos mundos, incluso en los momentos que parecen irreconciliables.

Autora: Gisella Saldena